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jueves, 15 de agosto de 2013

Aprendiendo idiomas con Ortega. 1ª Lección, la correcta pronunciación




Para aprender el inglés hay que comenzar por echar adelante la quijada, apretar, o poco menos, los dientes y casi inmovilizar los labios. De esta manera surge en los ingleses la serie de leves maullidos displicentes en que su lengua consiste. Para aprender el francés, opuestamente, hay que proyectar todo el cuerpo en dirección a los labios, adelantar éstos como para besar y hacerlos resbalar uno sobre otro, gesto que expresaría simbólicamente la satisfacción de sí propio que ha sabido sentir el hombre medio de Francia.

El hombre y la gente. José Ortega y Gasset.

Tanto trilingüismo, tanto trilingüismo...


jueves, 17 de febrero de 2011

Círculos viciosos

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¿Cómo vamos a utilizar el sexo para conseguir lo que queremos, si lo que queremos es sexo?

Frasier
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jueves, 27 de enero de 2011

De la petulancia

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Podríamos abrir por una página cualquiera de un volumen cualquiera de Platón, allí encontraríamos el genio. Podríamos repetir la operación y allí seguiría mostrándose un hombre genial. ¿Al alcance de cuantos hombres está el escribir semejantes páginas?. Podríamos abrir al azar el Quijote y preguntarnos si seríamos capaces de escribir una página semejante. Una prueba similar con Leibniz o con Newton no daría resultados diferentes.

También podríamos seleccionar una frase de dos líneas - o un pasaje- de Platón, Leibniz o Newton, en los que se afirmase alguna idea aparente -o realmente- banal. Podríamos recortarla, pegarla al inicio de este post y a continuación decir: ¡Bah!.

Puedo imaginar comentarios a ese post que conformes dijesen "¡Bah!" a los que yo asentiría con sus respectivos e idénticos "¡Bah!".
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domingo, 28 de marzo de 2010

Devenir

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...hacia la luz y las
germinaciones


A falta de trabajo y ganas, tenemos canciones. Ésta es una que me gusta especialmente; y no tanto por su sentido, sino por como suena, suena muy bien. Sin embargo, otras del mismo cantante no me llegan.

Ante el aserto popular “Los hombres malvados no tienen canciones” preguntaba Nietzsche: ¿cómo es que los rusos las tienen?.

Aquí en Waldenland25 también las tenemos. –Prestadas.



Acabé el seto. En los semilleros asoman los primeros brotes.
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martes, 9 de febrero de 2010

La caída moral

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Me entero por la última página de El Mundo -de hoy. El hombre era topógrafo por formación, pero cayó en el podrido y siniestro mundo de las drogas, y de ahí a la afición por la lectura de filosofía –desde Nietzsche a Bertrand Rusell- , y un nuevo escalón al asalto de bancos y al trullo. ¿Acabará por matricularse a distancia en alguna facultad de teología?

Un caso fáctico de la famosa ley De Quincey.

No se puede bajar la guardia; ahí tenemos el resbalón de Bernard-Henri Lévy. Lo mismo lo arroja a la bebida. O una ulceración.
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domingo, 24 de enero de 2010

De toros y maestros

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Empezaremos por los maestros. Vicente Verdú en Aporías de la nueva década (y 3) ve a éstos muy distraídos, todavía empeñados en valorar esfuerzo, sacrificio y anhelando autoridad. Ambas cosas tenían, según Verdú, sentido en un mundo que ya está acabado; en la sociedad de consumo primero se obtiene la cosa, el placer, y luego vendrán los pagos, los efectos secundarios. Así que, sigue hilando fino el sociólogo, esto mismo es lo que hacen los chicos cuando exigen recompensas antes de haberse esforzado. El esfuerzo está ya finiquitado. Verdú lo dice de forma mucho más poética asociando “disciplinas” –parece que se refiere a las matemáticas y a las lenguas y demás cocos del estudiante- al “universo del dolor”, pero estamos de suerte porque “ese mundo en que el dolor, o el ahorro, o la represión sexual, tenían sentido es ya un mundo acabado”. Parece que lo justo es que ahora de entrada se dé a los chicos el título de medicina, de arquitectura, o de conductor de autobús… y ya ellos verán, que ya vendrán los pagos y los efectos secundarios. No lo duden, que vendrán. Respecto de la autoridad, pues aparte de las consabidas nostalgias de tarimas y la sacralidad del docente – se le ha pasado el asunto de la vara- nos recuerda Verdú que en el presente (Internet) todas las instituciones están desacreditadas, y que en la generación de Internet el conocimiento se adquiere por cooperación, intercambio, participación y no por “obediencia a un jefe” o a “un faraón del conocimiento que imparte doctrina”. Y finaliza: “quien no entienda eso será presa del pasado […] pegajoso […] e impertinente”. No sé en qué pasado imagina Vicente Verdú que habitan “los faraones” que impartieron conocimiento a Descartes, a Kant, a Newton, a Platón, a Einstein, a Cervantes… o los jefes a quienes éstos otorgaron obediencia. Pero sospecho que habitan confortablemente en el mismo espacio en el que se asocian las matemáticas con la represión sexual, y el esfuerzo del pensar con los cilicios intrasotánicos.

Me viene a la memoria la parte sexta del Discurso del Método. [Recomiendo la lectura de esta parte del Discurso que tan por alto se pasa para mayor gloria de la metafísica y en detrimento de hombre que anhelaba un conocimiento claro, seguro y útil para la vida]

“Así pues, teniendo el propósito de emplear toda mi vida en la búsqueda de una ciencia tan necesaria [se refiere a la física y su aplicaciones, sobre todo en la medicina] , y habiendo encontrado un camino tal que, siguiéndolo, me parece que debo infaliblemente encontrarla si no me lo imposibilitan la brevedad de la vida o la falta de experiencias, juzgaba que no existía mejor remedio contra estos impedimentos que el comunicar fielmente al público todo lo poco que yo hubiese encontrado e invitar a los ingenios capaces a intentar progresar, contribuyendo cada uno, según sus inclinaciones y poder, a realizar las experiencias que fueran necesarias y a comunicar cuanto hayan conocido con el fin de que comenzando los últimos donde los precedentes hubiesen concluido y, de esta forma, orientando con una misma finalidad la vida y los trabajos de muchos, llegáramos mediante el trabajo conjunto mucho más lejos de lo que podría hacerlo cada uno en particular”.
René Descartes (1596-1650)

Sin duda; impertinente y pegajoso, el pasado.


Y ahora los toros. Pero he pasado tanto tiempo con los maestros que llego cansado a la plaza. Magnífico artículo el de Javier Cercas Ética de los toros. Un artículo para reflexionar acerca del arte, sobre nosotros y nuestra relación con los animales. Lo más certero que he leído sobre toda esta polémica. Quizá intente un comentario en otra ocasión, pero si algún lector no fuese tacaño con sus ideas al respecto, le quedaría, ciertamente, agradecido.
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domingo, 17 de enero de 2010

Del mal y del otro.

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Es fácil entender el principio (razón) por el cual tendemos a compadecernos de las víctimas, a defenderlas y socorrerlas: sentimos y entendemos el sufrimiento del otro, y comprendemos que esas víctimas podríamos ser nosotros. Para pensadores como Rousseau y Hume, además de la búsqueda del bien propio, es también una inclinación natural el rechazo a ver sufrir a un semejante. En el hombre naturalmente bien constituido, orgullo y compasión, egoísmo y piedad, se equilibran y armonizan mutuamente; buscamos nuestra propia felicidad, pero también sufrimos con el sufrimiento ajeno. Y si en algunos casos nos alegramos del mal ajeno, esto se explicaría por un particular odio personal o envidia hacia aquel que sufre la desgracia. Sin embargo las cosas parecen ser más oscuras, en algún lugar Nietzsche afirma lo que cree una dura lección de la vida: “ver sufrir produce placer y hacer sufrir más placer todavía”, una verdad dura a la que con gusto queremos cerrar los ojos. Lo cierto es que una mirada por Internet, foros, comentarios en blogs, en prensa digital, en redes sociales, muestra que ni la frialdad ni el ensañamiento con las víctimas son algo extraño, ¿a qué obedece el encarnizamiento con las víctimas por parte de personas sin vinculación personal? ¿A qué obedece esa culpabilización del humillado, del vejado...? No es extraño que mujeres maltratadas sean culpabilizadas por otras mujeres, que profesores acosados sean puestos bajo sospecha por los propios compañeros, que víctimas de ataques terroristas sean ninguneados por ciudadanos corrientes… No me sorprende la psicología del agresor, ni la del que siente placer en el sufrimiento ajeno, lo que me sorprende es la actitud del que creyéndose bueno niega a las víctimas. Sospecho que éste –el que se considera a sí mismo bueno- no reconociendo la injusticia, y al negar la inocencia de la víctima, pretende quedar el mismo a salvo del mal. El mal no existe, es lo que viene a pensar y decir, quien lo recibe es porque lo merece. Y, claro, ese no es su caso.
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martes, 29 de diciembre de 2009

Intermitencias

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Siendo tu carne joven, una mañana te mostró que tu más ardiente fortuna no era sino ilusión y delirio. Habrás de hacerte viejo para averiguar que, de igual forma, no fue sino ilusión y delirio tu más amargo dolor.

Thomas Mann. José y sus hermanos. Volumen II El joven José.


Algo provechoso llevamos hecho en estos días de vacaciones. He finalizado el segundo volumen de José y sus hermanos, El joven José. La cosa venía aplazada de largo.

En el otoño del 2000 tropecé en una papelería-librería de algún lugar de la costa murciana con Las historias de Jaacob, salí de aquel establecimiento con el periódico y con Thomas Mann bajo el brazo, imagino que también con una fuerte ansiedad en el estómago pues llevaba una semana acometiendo mi segundo intento por dejar de fumar –el primero debió de ser unos veinte años antes y apenas se prolongó de la mañana al atardecer del mismo día. No recuerdo de manera exacta el tiempo que tardé en leer aquella novela, pero no debió ser más que lo que tardaría en volver a fumar: seis o siete días. Recuerdo una lectura entusiasmada, tanto como Doktor Faustus o La montaña mágica, quizá más aún, más fluida que las anteriores y la recuerdo repleta de irónico y paródico humor. La edición que había comprado acababa de salir en castellano ese mismo año, pero desgraciadamente no estaban traducidos los tres volúmenes siguientes, así que se pueden imaginar mi frustración. No fue hasta el 2003, de nuevo en otoño, cuando di con el segundo volumen, no recuerdo el lugar ni tampoco la fecha con exactitud, he examinado el libro, y extrañamente hay una inscripción en lápiz en la esquina superior de una de las páginas de guarda: 19’50, N: 23.9.03, GAIA, que hubiese imaginado como el precio en euros, la fecha, y el nombre de la librería, sin embargo consta que la primera edición impresa es de octubre del 2003, así que no sé. Bueno, a lo que íbamos, tres años después encuentro el libro deseado; me lancé ávido a su lectura, las primeras páginas me parecieron maravillosamente escritas y sin embargo no leí mas allá quince o veinte. El libro quedó abandonado junto a otros del mismo autor hasta hace unas cuantas semanas en que volví a retomarlo, me sirvió para un post, una glosa y un par de discusiones, pero todo ello no impidió que volviese a la estantería a hacerle compañía a Carlota en Weimar -quien sabe si por media docena de años más- Pero es lo que tienen las vacaciones y la casualidad, hace un par de horas llegaba, de nuevo entusiasmado, a su última página. Y deseando que llegue mañana para acercarme a la FNAC o La casa del libro a por José en Egipto.


Aunque sería más provechoso volver casi diez años después a Las historias de Jaacob no soy sin embargo dado a las relecturas. Tampoco un portento de memoria, pero tengo el volumen en mis manos, Librería Rada, Plaza Bohemia, Edif. Las Tejas (Junto Gasolinera). LA MANGA. Desde hace algo más de seis años perdura mi tercer intento por dejar de fumar. Reconozcan que que para eso hace falta voluntad. Y a pesar de no ser amigo de relecturas echaré un vistazo para recordar que pasó con Shimeon y Levílos robustos hijos de Lía” en Shequem y a Rubén con Bala que le costó la primogenitura.


Hondo es el pozo del pasado
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domingo, 11 de octubre de 2009

El yo y el nosotros

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Espíritu colectivo. Un buen escritor tiene no sólo su propio espíritu, sino también el espíritu de sus amigos.
Friedrich Nietsche. Humano, demasiado humano.

Hasta el solitario paseante de Sils-Maria entendió su escritura como la expresión no de un yo sino de un nosotros. Aunque quizá esos amigos eran el sueño ineludible de su yo.
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miércoles, 30 de septiembre de 2009

Lo ignoto

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Recordarán ustedes la famosa sentencia de Thomas de Quincey en la que desaconseja cometer asesinatos:

“Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente. Una vez que empieza uno a deslizarse cuesta abajo, ya no se sabe dónde podrá detenerse”.

Comenzar a cultivar un huerto es algo semejante, pero de consecuencias provechosas y gratificantes que lo encaminan a uno hacia un estado de beatitud terrenal; un auténtico giro copernicano en el disfrute de la vida, pues ésta aparece repleta de goces al alcance de la mano. Les cuento, hasta hace bien poco me era totalmente desconocido el placer de pasear por un gran almacén de ferretería, sin embargo la semana pasada me alegró encontrar unas varillas metálicas y unos plásticos perforados, tanto que ayer mismo volví a por más varillas y de paso me traje unas cuerdecitas de goma muy prácticas para entutorar hortalizas. No crean que el placer está en el consumo, no; el regocijo reside en el descubrimiento, pasear asombrado por pasillos de estantes repletos de plásticos, herramientas, cuerdas, macetas, mangueras, grifos, acoples.

Hoy estuve en un chino y conseguí un paraguas –que todavía funciona aunque no consigo plegar hasta reintroducir nuevamente en su funda- y un chubasquero, todo por menos de cinco euros. Tengo que volver para buscar un chándal y quizá unas botas para regar. O quizá me acerque al Aldi o al Lidl.

¡Ah, y las ensaladas nada que ver con las que compras en el Mercadona!
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jueves, 3 de septiembre de 2009

Solución final

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Espero que me disculpen si resulto malévolo y oportunista. Pero es que no me inspira mucha confianza el mensaje supuestamente tranquilizador que nos mandan los ministros respecto a la dichosa gripe, ¿o no eran estos los del crisis what crisis?, en fin, comprendan que con estos precedentes... Y, bueno, lo de excluir de la vacunación al gremio de profesores después de las Logsesloes no deja de evocarme (con un poco de humor negro) a la Solución Final.

En fin, diga Hola.

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domingo, 10 de mayo de 2009

Frivolidades, pecados, y lecturas


Escribe hoy Javier Marías acerca de esos gustos y costumbres que todos poseemos y que resultan discordantes con la imagen que de nosotros mismos hemos voluntariamente construido o que inconscientemente proyectamos. No se trata de lo inconfesable sino de aquellos pequeños “pecados” que nos permitimos y que aún sentimos cierto gusto en hacerlos públicos y contemplar el desconcierto –pequeño escándalo- que suscitan. Son esas costumbres o gustos que chocan contra la opinión común, contra lo que se considera naturalmente aceptable, -lo que hoy llamamos políticamente correcto- o aquello que vulgarmente expresamos como “no te pega”. Así, me parece, que no “le pega” a este particular Serenus Zeitbloom leer el Marca, esperar impaciente el comienzo de la carrera de Formula 1, o acostarse disgustado por la injusta derrota del Chelsea en el último minuto y la media docena de penaltis escamoteados. No le pega, pero quién sabe si algo de todo esto no es real.

Javier Marías en su particular “Día de confesiones” nos pone al corriente de sus personales “horrores” confesables, en el mundo del cine, la música, la radio, la televisión. Pero acaba señalando que no se permite estas ligerezas en el objeto propio de su mundo profesional: la novela; y nos confiesa que no se imagina leyendo los últimos best-seller -acaba planteando si no debería quizá comenzar a hacerlo; creo , sin embargo que no propone esta posibilidad de manera realmente abierta, sino que la niega de antemano-. He creído, en principio, que la razón de tal acotación al “pecado” reside en el carácter profesional de su relación con la novela; vamos, “que con las cosas de comer no se juega”; me ha parecido lógico que un escritor pretenda realizar un determinado tipo de obra y que se cuide de aquellas elementos que podrían contaminarla. Podría ser una razón, pero ocurre que personalmente no tengo ninguna relación profesional con la novela y, sin embargo, coincido en esto plenamente con el autor de “Tu rostro mañana”; soy incapaz de leer los best-seller multimillonarios que se apilan en las librerías y generalmente elijo mis lecturas entre autores consagrados y de calidad reconocida entre “los doctos”. Algo de lo que puedo prescindir cuando se trata de cine, televisión, prensa... Creo que la razón de esta diferencia se llama tiempo y esfuerzo: ver una película, un programa de televisión, hojear una revista o un periódico, apenas nos exigen esfuerzo y un tiempo muy breve; podemos pues dilapidarlo sin mucho pesar. Pero leer una novela exige como mínimo unos días y una atención sostenida; procuro, pues, que ese esfuerzo y ese tiempo no sean esfuerzo baldío y tiempo perdido. Por otra parte, y quizá no sea la menos importante de las razones, cuando se ha probado el buen vino es difícil volver al peleón y al tetrabrik.

Me gustaría sugerir al lector un tema de reflexión que me ha surgido al hilo de la escritura de este post: ¿cómo se conecta todo esto [tiempo y esfuerzo] con la escritura y la lectura de blogs? Quizá algún día me atreva a abordarlo yo mismo.


miércoles, 8 de abril de 2009

Y cómo pasa el tiempo...


Sigo siendo tan malo para los fechas de aniversario como siempre; ayer 7 de abril Waldenland25 cumplió dos años... 181 post con éste, no son pocos. Y, aunque no era el propósito, la cuestión educativa ha sido el tema más frecuente; además la práctica totalidad de visitantes-lectores –al menos los que se atreven a comentar- se cuentan entre la profesión docente. No sé si es un dato preocupante. Pero sí un tanto extraño para un lugar que nació inspirado en el retiro solitario:

"Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentarme sólo a los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que la vida tenía que enseñar, y para no descubrir cuando tuviera que morir, que no había vivido. Quería vivir con profundidad y absorber toda la medula de la vida".

Henry David Thoreau. Walden


Y con un cierto aire entre esperanzado –y poético.

1.

Han desaparecido
las dunas del desierto
la arena, la sombra perfilada
sinuosa.

Ahora se abre amenazante
la oscuridad ambigua
de cada acto

2.

Edificado
sobre arenas por siglos
molida.

Lo acostumbrado,
sin saberlo, nos pertenece;
como los sueños.


Bienvenidos a este bosque. Y con su permiso me retiro a servirme un sherry para celebrarlo.

Les dejo con un poco de música:



sábado, 28 de marzo de 2009

De los espíritus desenkantados y de los espejos


“No puedes imaginarte el estremecimiento que sacudió todo mi ser cuando cayeron sobre su ataúd los primeros terrones helados –mi cabeza y mi corazón siguen aún temblando”

Así se expresa un prominente konigberguense con ocasión del entierro de Inmanuel Kant un frío día de febrero de 1804. -Referido por Manfred Kuehn en su biografía del filósofo.

No cayeron, sin embargo, los terrones helados sobre su obra. Desde hace casi veinte años, en los días de marzo y abril como si de un rito sagrado se tratase, releo algunas de sus más famosas palabras y me entretengo en someterlas a rígidos esquemas -ornamentales como lápidas.

Pero estoy convencido de que el hombre no pervive en su obra, salvo como reflejo falso e ilusorio; la obra se independiza y en su multiplicación ilusoria no perdura ni la más leve chispa del espíritu originario, pues éste se extinguió junto con el de aquellos que personalmente en vida lo trataron; como quiso Platón, el espíritu sólo vive en la oralidad –y sólo a través de ella se trasmite- y nunca en la escritura que lo aniquila. Y lo trasforma: esto que hoy leemos e interpretamos no es sino uno de los innumerables, por infinitos, espejos que constituyen lo que llamamos mundo.

¡Ay!¿ y este vaho que enturbia el cristal de Waldenland25?

miércoles, 25 de febrero de 2009

Los libertinos


Vaya por delante que entre mis aficiones se encuentran: la ensaladilla murciana, la poesía, las películas de indios, la lógica formal, las novelas, el vino tinto -y el blanco-, raramente veo algún partido de la Copa de Europa –que tanto me gustaron en el pasado-, los artículos de Javier Marías –si aparece el capitán Alatriste, pues mejor- la relectura de unos pocos textos clásicos de metafísica y las anchoas. Pero a veces salgo de esas rutinas y me siento en alguna sala de cómodas butacas para escuchar a algún conferenciante o alguna mesa redonda sobre temas filosóficos; si el tema no es demasiado abstruso suele resultarme muy placentero. La verdad es que prefiero la filosofía escuchada a leída, porque la lectura suele ser engorrosa y la convierte en árida, difícil, mientras que la palabra viva dulcifica mucho el esfuerzo, y la hace más comprensible y placentera.

Ayer fue uno de esos días, y tocó el liberalismo. Fueron muchas cosas las cosas que allí se dijeron, pero me quedé con una afirmación rotunda –no sé si una boutade: "Botín ha hecho más por el bien de la humanidad que Teresa de Calcuta, casi estaba convencido de la verdad del, tan aparentemente cínico, aserto. Y, rumiaba, acerca de los bienes del dinero, del liberalismo y del crecimiento “que es siempre sostenible” según el orador. Rumiaba, todo esto, cuando en la noche, visitando mis habituales lugares de la red, comencé a leer acerca de una experiencia que me resultaba muy familiar: un viajero despreocupado contempla el mar rompiendo contra el espigón, y se deleita con la sensación de que “el mundo está bien hecho”. He tenido esta sensación de plenitud “mística” al menos dos veces: ante una sinagoga, y ante el mar rompiendo en un espigón en el mes de septiembre, y la he reconocido de forma más clara en el poema Felicidad en Herat. Pero de repente, al creer advertir el despreocupado turista que su pizza Margarita ha sido cocinada con la sangre tutsi de Rwanda, esta sensación se trocaba en algo muy distinto: “la verdad desagradable asoma” y el paraíso se convertía en infierno en unos instantes, [es curioso que cuando he vuelto a encontrar noticias sobre Herat éstas eran acerca de la guerra y atentados terroristas] y mis elucubraciones liberal-optimistas de la tarde se enfrentaban a un panorama deprimente, y los esfuerzos finales del autor del post por extraer una consecuencia positiva de la desolación solo consiguieron recordarme al Toro de Falaris, cuya versión más perfecta convertía los alaridos de los torturados no en mugidos sino en hermosas melodías..

Pero volvamos a Botín y la madre Teresa. No es nada descabellado admitir que el bienestar humano es más producto del egoísmo y el interés propio que de las obras altruistas de sacrificados individuos. Y que la codicia es un defecto menor comparado con los desmanes del afán de Verdad, de Nación, de Igualdad, de Pureza, de Inmortalidad.

Hasta hace no mucho pensaba yo –con Cioran- que puestos a elegir un verdadero benefactor del género humano deberíamos elegir entre un libertino o un perezoso. Sin embargo ,ahora sé que éstos son, en realidad, verdaderos modelos de felicidad humana, pero que son solo posibles gracias a la laboriosidad de los codiciosos. Auténticos benefactores de la humanidad.

sábado, 17 de enero de 2009

Abnegación


El emperador no quiso nunca contrariar a sus súbditos. En la creencia de que su poder no se vería así comprometido no dudaba, pues, en ofrecerles en sacrificio –y en bandeja- toda cabeza que aquellos reclamaran. Y, lógicamente, acabó por entregar la propia cuando le fue exigida.

Esto no es, como pudiera parecer, tan solo una moderna fábula futbolística.

Pan, circo y, aquí y allá, un rodar de cabezas. ¡La fuerza de lo clásico!.


martes, 13 de enero de 2009

¡En la mesa no se juega!


Hay una predisposición general a hacer del juego el modelo de toda actividad. A los niños (en general a los cachorros de todos los mamíferos) les gusta el juego, tienden a jugar en cualquier situación, quieren convertirlo todo en juego. Recuerdo, espero que no se me tenga por reaccionario por remover el pasado, que a veces me reprendían: “¡en la mesa no se juega! cuando convertía el pan en bolitas para jugar al billar, en imaginarios coches de miga que estrellaba unos contra otros, o en disimulados proyectiles contra mis hermanos. Sin la reprimenda habría modelado ejércitos de pieles rojas y habría representado “murieron con las botas puestas” a las dos de la tarde. Ahora en la publicidad que podemos ver en la televisión, niños y padres comparten juego y comida con alimentos de subidos colores y divertidas formas y texturas; los alimentos no sólo han de ser nutritivos, sino que deben ser divertidos. Hay que divertir al niño para que coma –nadie puede negar la importancia de la comida- y si la comida les aburre... malo, malo (¡hay que motivarlos!). Sospecho que no tardarán en comercializar juguetes que amenicen nuestros esforzados ratos en el “inodoro”. O quizá estoy en la inopia y ustedes ya disponen del cacharrito.

Sin embargo mi padres eran bastante “modernos” y nos permitían unas libertades durante la comida impensables en casa de los abuelos, donde la comida era un verdadero sacramento. Ese carácter sagrado de la comida lo relacionaban con la experiencia del hambre –de la guerra. A nosotros nos parecían fastidiosas aquellas historias remotas, alejadas de nuestra experiencia inmediata, la que decíamos “nuestra realidad”, la que nos había tocado vivir. Me vienen a la memoria las observaciones de un liberado de un campo de concentración nazi ( no estoy seguro del autor y cito con la distorsión interesada de la memoria), nos cuenta como al final de la guerra europea entre la alegría general resultaban fastidiosos y patéticos los relatos de los famélicos prisioneros de los campos de concentración con sus piojos, su pena, su resentimiento. Las muchachas querían bailar y divertirse con los vencedores del frente y no escuchar deprimentes historias de humillaciones.

Empecé hablando del juego y ya ven por dónde voy. No sacaré conclusiones.

sábado, 10 de enero de 2009

Miopía


Nietzsche
es un tesoro. Ayer hablaba del resultado de mi revisión de la vista –y el arte de trilero del óptico... ¿así o mejor así?- . Sobre mi mesa, a la derecha, tengo un tomo de la edición de Akal de Humano, demasiado humano –qué maravilla de edición- que suelo hojear de manera azarosa, leyendo los aforismos desordenadamente según me llamen la atención, y no es extraño que me proporcionen material e inspiración para el crecimiento regular de waldenland25. Hoy he abierto, como siempre, al azar, y vean con el primer aforismo que me he topado:

Contra el descuido de la vista. ¿No podría demostrarse una disminución de la agudeza visual cada diez años entre las clases cultas de Inglaterra que leen el Times?
F. Niezsche. Humano, demasiado humano.

¿Qué no diría Nietzsche en el siglo XXI si conociese el fenómeno de los blogs?, ¿qué tal se entendería con Javier Marías?, ¿o quizá opinaría que se pierde más agudeza leyendo El País? [tanto da si en papel o en versión digital].

Entre los problemas de salud de Nietzsche se encontraba una visión muy deficiente que suplía con creces la finura de su olfato.

[ciego como un murciélago por culpa de la masturbación, hacían decir a Wagner en una serie televisiva, no sé si con fiable documentación]

Y sigo leyendo a Nietzsche: El arte de Wagner vale para los miopes –es necesaria demasiada cercanía (miniatura)- y al mismo tiempo para los présbitas. Pero no para un ojo normal.

Demasiada cercanía acabó por hartar a Nietzsche. Su miopía le instaba a acercarse, su olfato a alejarse.

viernes, 9 de enero de 2009

Encuestas,. moralidades y opulencias

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Un jardincito, higos, quesitos y además tres o cuatro amigos, ésa fue la opulencia de Epicuro.


Nietzsche. Humano, demasiado humano.

En el blog de Pascual se nos propone una encuesta sobre ética aparentemente sencillita (debo decir se nos proponía, pues al intentar enlazar la página encuentro que la entrada ha desaparecido). Me proponía rellenarla, pero ya en la primera pregunta me encontré en dificultades, no digamos ya en la segunda o tercera. Eran, creo recordar, tan solo 4 o 5 preguntas, pero es complicado contestar SI o NO a cuestiones que tratan de temas tan delicados como la tortura, el asesinato de inocentes, la cuantificación del mal... De hecho no contesté la encuesta porque me sentía firmando un cheque en blanco a un desconocido –no va por Pascual, alto- o vendiendo mi alma al diablo sin tener claras las condiciones del contrato. No la rellené pues, porque necesitaba matizar las cuestiones y aclarar el sentido y el alcance de las preguntas; si tengo que vender mi alma me gustaría que no fuese una decisión tomada a la ligera. Esta indecisión e imposibilidad, también por falta de matices y datos, de llegar a una resolución la he encontrado a la hora de tomar partido en el conflicto de Gaza, (rebosante de opiniones y comentarios en blogs y diarios digitales). De nuevo la sensación del cheque en blanco y venta del alma. Tampoco quería optar por la “equidistancia” de lo políticamente correcto y el guardar las apariencias. Así que he optado por el silencio, espero que no sea el silencio cobarde sino el silencio místico, la no-acción y la compasión. Decisión vedada a los agentes/pacientes directos del conflicto.

Pero todo esto era una “propedéutica” para proponerles también una encuesta moral (como juego de matices), relacionada con la cita que encabeza el post. ¿ Coinciden con Epicuro?¿consideran completa la fórmula de la felicidad epicúrea? ¿qué añadirían a la enumeración de Nietzsche?

¿Saben?, hoy estuve en el óptico revisando mi visión. A pesar de mi indecisión con los cristalitos de prueba (¿mejor con éste o mejor ahora?, ¿y entre éste y éste?...) el resultado fáctico e inapelable es que he aumentado 0.5 dioptrías. Parece, pues, que la vida sigue su curso ajena e indiferente ante mis dudas.

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