domingo, 17 de enero de 2010

Del mal y del otro.

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Es fácil entender el principio (razón) por el cual tendemos a compadecernos de las víctimas, a defenderlas y socorrerlas: sentimos y entendemos el sufrimiento del otro, y comprendemos que esas víctimas podríamos ser nosotros. Para pensadores como Rousseau y Hume, además de la búsqueda del bien propio, es también una inclinación natural el rechazo a ver sufrir a un semejante. En el hombre naturalmente bien constituido, orgullo y compasión, egoísmo y piedad, se equilibran y armonizan mutuamente; buscamos nuestra propia felicidad, pero también sufrimos con el sufrimiento ajeno. Y si en algunos casos nos alegramos del mal ajeno, esto se explicaría por un particular odio personal o envidia hacia aquel que sufre la desgracia. Sin embargo las cosas parecen ser más oscuras, en algún lugar Nietzsche afirma lo que cree una dura lección de la vida: “ver sufrir produce placer y hacer sufrir más placer todavía”, una verdad dura a la que con gusto queremos cerrar los ojos. Lo cierto es que una mirada por Internet, foros, comentarios en blogs, en prensa digital, en redes sociales, muestra que ni la frialdad ni el ensañamiento con las víctimas son algo extraño, ¿a qué obedece el encarnizamiento con las víctimas por parte de personas sin vinculación personal? ¿A qué obedece esa culpabilización del humillado, del vejado...? No es extraño que mujeres maltratadas sean culpabilizadas por otras mujeres, que profesores acosados sean puestos bajo sospecha por los propios compañeros, que víctimas de ataques terroristas sean ninguneados por ciudadanos corrientes… No me sorprende la psicología del agresor, ni la del que siente placer en el sufrimiento ajeno, lo que me sorprende es la actitud del que creyéndose bueno niega a las víctimas. Sospecho que éste –el que se considera a sí mismo bueno- no reconociendo la injusticia, y al negar la inocencia de la víctima, pretende quedar el mismo a salvo del mal. El mal no existe, es lo que viene a pensar y decir, quien lo recibe es porque lo merece. Y, claro, ese no es su caso.
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9 comentarios:

Joselu dijo...

Terribles reflexiones llenas de densidad que espero sean enriquecidas por muchos comentarios. Son toda una interpelación a la comunidad bloguera. Yo también quiero reflexionar sobre ello porque me he quedado sorprendido ante la aparente frialdad con que ha sido abordada esta tragedia humana. ¿Contemplar el sufrimiento humano nos tranquiliza, nos produce un placer inconfesable como decía Nietzsche? ¿Se culpabiliza a las víctimas porque se lo merecían? En USA ha habido telepredicadores que han hablado de que los haitianos habían sido castigados por hacer un pacto con el diablo y que se lo tenían bien merecido y que no había que detraer recursos para ayudarlos. Algún comentarista sagaz en un blog ha dicho casi textualmente que "Haití era un país más en el mundo. Y punto". La blogosfera no ha latido como yo sugería que debía hacer y no alcanzo a entender los motivos de este aparentemente distanciamiento, tibieza, pudor o frialdad. Pienso que tal vez no se ha querido implicar emocionalmente en el sufrimiento espantoso de ese país. No quiero pensar que haya producido placer contemplar esas imágenes aterradoras. No lo sé. Pero han sido recibidas con un silencio extraño (no todo el mundo) pero quizás se tema parecer integrado si se cree la verdad oficial que da la televisión. En los foros ya empieza a aparecer una opinión que culpabiliza a los Estados Unidos por aprovechar la desgracia de Haití para ocupar militarmente la isla. Lo ha dicho el presidente de Nicaragua Daniel Ortega (sí, el que abusó sexualmente de su hija durante años)y hay numerosos blogs que ya se dedican a atacar a los Estados Unidos. Siento vergüenza de la forma de razonar de cierta izquierda que le duele sentirse humanitario y sentir compasión porque prefiere tener siempre un culpable imperialista al que condenar. ¿Qué se habría dicho si USA y las Naciones Unidas y las naciones que han acudido allí no lo hubieran hecho? Estos mismos izquierdistas que no quieren caer en ese abominable "buenismo" hubieran atacado a los mismos por su inacción y haber dejado a Haití solo porque no tiene materias primas. Lo útil es tener siempre a mano un imperialismo al que atacar y sentirse entonces ya buenos y exonerados pues ya se ha encontrado el malo. Y luego a seguir bebiendo y comiendo sin culpa y sin hacer nada, claro. No me extraña que Albert Camus fuera crucificado por esa izquierda que bendecía la represión en la Europa comunista, y tampoco dudo qué hubiera opinado el pensador francés sobre la desgracia de Haití. Siento desazón por esta forma de pensar que se insensibiliza ante el dolor y no se lo quiere contemplar porque se teme que produzca morbo que no niego que haya, pero pienso que hay que mancharse. Me producen repulsión los que siempre se creen buenos y a salvo y que nunca son culpables de nada. Ya hay culpables fáciles de encontrar. Terrible. Un cordial saludo.

LUG - bicéfalo dijo...

La frase de Nietzsche es dura e ininteligible. Busco un libro de Sade para "autorizar" la idea... Sobreabundan. Pero no me la imagino como axioma 1 de ningún sistema de ética(Ni la ontología siniestra quizás se atreviera a ello). Suena a teodicea. Pero una teodicea de esa naturaleza exigiría un Ente que riera a carcajadas ante el adjetivo "buenista". No, los buenistas son otra cosa más superficial.Más cercano a una cierta necedad redescriptora. Esos individuos a los que citas - los que culpabilizan al humillado - no niegan a la víctima (siguen usando la palabra) sino que redescriben la situación para no pensar en ellas y ubicar a la víctima en otro lado. Invierten:la víctima realmente es el marido agobiado, el alumno presionado por la disciplina escolar, el terrorista rebelde que libera clase y patria o la ciudadanía liberal que tiene que socorrer a esos individuos(negros)que sólo buscan la malicia. No les veo, pues, en la frase de Nietzche.

Sin embargo, dices, "las cosas parecen ser más oscuras". Quizás tan oscuras que no admiten la escritura racional y sólo tengan acceso oblicuo en la imaginación negra. Hacer sufrir. Cuando hago sufrir puedo presentir el incremento de mi poder ( y una alteración en el alma concupiscible)pero para ello ¿debo quitar el nombre a la víctima?¿Su victimización no incrementa mi poder?¿No es más placentero si no renuncio a la palabra - no hay mal ni bien - ni la invierto - la víctima se lo buscaba? Insistimos en la contemplación, y la víctima no deja de ser víctima en la reiteración televisiva. Retornamos a ella y recorremos todos los estadios emocionales como en espectro de luz: el placer de la piedad hacia la carne desgarrada, agradecimiento al comprobar que ha sido otro el afortunado en la lotería siniestra, el morbo por la víscera... la fantasmagoría de sentirse dioses protegidos.

Oscuro, Serenus.

elquebusca dijo...

“Es agradable ver de qué males nos libramos” (Lucrecio)

elquebusca dijo...

Como ahora estoy estudiando inglés hablo por Skype con English speakers y conozco mucho a una mujer de Florida. De su hospital a ido a Haiti una de las enfermeras que trabaja con ella.

no es que aporte nada este comentario pero como indirectamente conozco a alguien que está directamente en contacto con la tragedia lo cuento.

Juanjo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Serenus Zeitbloom dijo...

Joselu, El que busca, Juanjo y Lug

Hablar del mal nos lleva en estos días a pensar en Hatí, no podría ser de otro modo. Pero en este escrito no pretendía yo tratar de esas grandes catástrofes naturales o productos del azar. Con éstas difícilmente se cumple lo que Nietzsche afirma, aquí la reacción común oscila entre la solidaridad activa y la inhibición -a veces por pura parálisis ante el horror…
En el post trataba de aquellos casos en que el mal es producto de la voluntad humana consciente. En estas ocasiones, como ha señalado Lug , muchas veces a lo que asistimos no es la negación de la víctima sino a una reinterpretación e inversión de los papeles verdugo-víctima, concedo que en muchos casos es así… pero creo que –como Juanjo me comentó por otros canales- también opera el resentimiento en la negación de la víctima y sobre todo en el placer por el dolor ajeno. Quizá sea el resentimiento la causa fundamental de esa “mala leche” generalizada que se puede respirar en muchos foros cibernéticos –la bilis negra de la hablaba Joselu hace unos días…-

Pero creo que también existe la negación del mal como una especie de mágico ensalmo, como una teodicea plana e instintiva para sentirse seguro a salvo…o una especie de reducción al absurdo vital –y moral. Un “no puede ser”.

Saludos

Juanjo dijo...

La verdad, Serenus, no sé bien qué decir. Frente a una catástrofe natural tan reciente y de una magnitud tal como la que está sufriendo Haití, pensar, me
parece casi una frivolidad.

Uno puede sufrir con el sufrimiento ajeno. Uno puede deleitarse con el sufrimiento. Puede racionalizarlo, moralizarlo, y creer que se trata de un justo
castigo, o de un castigo injusto. Mas no puede negar ayuda al necesitado, sin negarse a sí mismo el "agradecimiento".

Gracias.

Juanjo dijo...

En mi anterior comentario he sido, seguramente, demasiado escueto y, por ello, no se entiende bien. Pido, pues, disculpas y voy a intentar aclararlo.

En el párrafo central hablo del fenómeno del sufrimiento ajeno en general, señalando dos formas de sentirlo contrarias, dolorosa- y placenteramente, y dos maneras -también opuestas entre sí- de racionalizarlo: como un justo castigo (un bien) y como un castigo injusto (un mal). Y me gustaría que se observase, no sólo que no existe incompatibilidad entre los modos de sentir el sufrimiento ajeno, y los de racionalizarlo, sino que tampoco la hay entre cualquiera de estos y las reacciones, incompatibles entre sí, de dar auxilio y omitirlo al sufriente que lo necesita. Por último, estimo, pensando no lógica- ni antilógicamente, sino poéticamente, basándome en el "corazón" en el "pathos" conmovido por el terremoto de Haití, que ante la alternativa de la acciód, las otras dos, la de la sensación y la de la racionalización, carecen de importancia; porque al omitir la ayuda se priva al pathos del "agradecimiento", palabra que no sé muy bien lo que significa, pero que se opone al resentimiento, como el amor al odio, y nos aferra a la vida cual alimento.

Saludos y gracias.

Serenus Zeitbloom dijo...

Gracias a ti, por hacerme reparar en esa analogía amor-odio con agradecimiento-resentimiento.