jueves, 15 de noviembre de 2012

Cada loco con su referendum




Las cosas en España no están solo mal, además están raras. Porque es bastante peculiar -peregrino, me gusta más- lo de exigir un referendum para preguntar al personal si acepta los recortes o no. Imagino que los solicitantes dan por descontado que la respuesta será no y que la consecuencia lógica sería la dimisión del gobierno: que venga otro y por voluntad popular salir del encharcado o precipitarnos al abismo. Pero imaginemos que el resultado es que sí, que se aceptan los recortes; en este caso no cabría ya ninguna queja, y trasvestidos todos en Santos Jobs ( ¿o se dice Jobes?) no nos quedaría otra que aguantar desinteresadamente que nos den por donde amargan los pepinos mientras les plazca y cuanto les plazca, chitón. Una apuesta, que salga el sol por Antequera. 

Luego está el otro del referendum. Siempre había creído que por allí eran sensatos, pero... bah, prejuicios. 

A ver qué se le ocurre al próximo.