lunes, 4 de mayo de 2009

Darwin y nosotros


Vendré a ti: bendice ahora a tu nieto una vez más,
que, así, el hombre mantenga lo que de niño prometió.

F. Hölderlin

La SFPA nos invita a iniciar una reflexión con motivo de la conmemoración del segundo centenario del nacimiento de Darwin. Este blog quiere colaborar modestamente con esta interesante iniciativa de esta sociedad de filosofía [le recuerdo a alguien –él sabe a quién me refiero- que tiene un meme pendiente]

Uno no nació leyendo a Heidegger y Hölderlin. Un servidor confiesa ser darwinista desde que tiene uso de razón; anteriormente había ejercido de cabal ornitocida, y el tránsito de la sentimental barbarie a la civilización lo hice en la compañía de Jack London, experimentando en los paisajes helados de Alaska y el Ártico la violenta pugna entre lo salvaje y la civilización, la crueldad y la compasión, la moral y el instinto. Con estos antecedentes comprenderá el lector que nunca me resultaron ajenos los conceptos básicos del darwinismo; la selección natural, la lucha por la supervivencia, la supervivencia de los más aptos –a pesar de los esfuerzos de las catequesis dominicales de aquellos años-.Con estos precedentes tampoco es de extrañar mi predisposición empática hacia Nietzsche y Konrad Lorenz. Del segundo apenas guardo algunos recuerdos anecdóticos, dispersos, gratos y lejanos, acerca de la crueldad de las tórtolas, de sus hijos enjaulados –los de Lorenz-, de sus perros mestizos de lobo siberiano y chow-chow (sus perros favoritos), aprendí con Lorenz de lo falaz y absurdo de la opinión de aquellos que dicen preferir como animal de compañía los gatos a los perros, salvo que también prefieran los peces, y aún las piedras a las flores. Ya pueden comprobar que no son de gran profundidad teórica mis noticias acerca de Lorenz; pero estos detalles son quizá los más relevantes para nuestra propia evolución personal, tan azarosa y ausente de finalidad predeterminada como la propia evolución natural. A Nietzsche, el filósofo que enraíza la crítica kantiana y el sujeto trascendental en la naturaleza y la vida, le resulta grata la idea de una naturaleza que cambia a través del azar, de la lucha, del conflicto, pero le aparta del darvinismo la noción de adaptación; la adaptación al medio es para Nietzsche un síntoma de la vida debilitada, enferma; la vida en su plenitud es, en cambio, dominio de lo otro y también desbordamiento y aniquilación –incluso de sí-, no es conservación sino derroche y devastación. A Nietzsche, romántico a su pesar, la adaptación al medio debió sonarle a concepto propio de cajas de ahorros y pequeños comerciantes, grato a los “últimos hombres” pero no al más genuino y lejano: Der Übermensch..

Hace unos años cayó en mis manos Reconstruyendo a Darwin de Javier Sampedro -que ahora releo- y que me permitió conocer a Lynn Margulis cuya Teoría de la endosimbiosis seriada consiguió emocionarme con su explicación del accidentado nacimiento de la célula eucariota; las omnipresentes bacterias tenían un destino más alto, pero sería producto del azar –accidental en el más vulgar sentido del término. Una bacteria del grupo espiroqueta –con forma de sacacorchos- colisionó con una bacteria Thermoplasma (de la familia de las arqueas) a la cual penetró fusionándose y uniendo su información genética, un segundo accidente con otra bacteria (precursor de las mitocondrias) acabó por dar lugar a la primera célula de la que proceden todos los animales y hongos. Sería necesaria una nueva colisión con una cianobacteria (bacteria fotosintética) para que se formase el precursor de todas las plantas. Una historia de accidentes, de choques y perforaciones, de embuches y atracones. Hoy, como entonces, mi deficiente formación científica -mi escasa familiaridad con la genética moderna- me impide seguir con provecho algunos capítulos del libro de Sampedro dedicados a la evolución modular [especialmente los dedicados a los genes Hox y a Urbilateria]. Son bastante claras, sin embargo, sus explicaciones respecto a la Teoría del equilibrio puntuado de Stephen Jay Gould, y respecto a la aparentemente friki (quizá sólo aparentemente) Teoría de la Panespermia dirigida defendida por Francis Crick y Leslie Orgel. Esperemos que las próximas actividades de la SFPA sirvan a conocer mejor las nuevas aportaciones y el estado actual de las discusiones en teoría de la evolución.

He disfrutado mucho leyendo a Hölderlin; pero sigo sin leer a Heidegger. Paradójico, pues conocí al primero por el segundo. Lo que parece corroborar la complejidad y lo enrevesado de los mecanismos evolutivos frente aquella primera concepción ortodoxa de la evolución gradualista que operaría por selección y acumulación de pequeñas diferencias en un proceso progresivo y ascendente. ¿Será Heidegger un ejemplar concreto de los denominados monstruos esperanzados?.


Por mi parte invito a seguir la reflexión –y a enlazar con la SFPA- a:

Profesor en secundaria y Re(paso) de lengua. ¿Evolución en la literatura, en el arte, en la educación, en la personalidad?
Luis González que seguro que podrá hablarnos de/sobre/o desde/ esa extraña mutación y curiosa simbiosis que es la Tortuga Bicéfala y los Seres Vacíos.
A Anónima; sin dirección conocida, quizá nos pueda dejar algún comentario.
Andrés Hurtado. Autopsia. El estilo y la voluntad.

8 comentarios:

Joselu dijo...

¿Y esto por dónde lo cocino yo? ¿Evolución en el arte, la literatura, en la educación, en la personalidad? Me atrae la propuesta, pero no sé por dónde enhebrarla. El tema de la evolución es más complejo de lo que parece y yo más que evolucionar doy saltos a veces adelante y a veces a los lados, y a veces me quedo parado meditando. Lo intentaré pero no garantizo los resultados. Lo que sé seguro es que no hablaré de educación. Veremos qué se puede hacer. Un cordial saludo.

Serenus Zeitbloom dijo...

Joselu

Cuanto más heterogéneas sean las perspectivas más interesante será el conjunto. Creo que de eso se trata; de ver la forma en que Darwin y la evolución han calado en nosotros. A mí, te lo aseguro, me crea mucha curiosidad ver las distintas respuestas, no sólo de la ciencia, sino de la literatura, del arte.. etc.

Saludos. –Y disculpa el embolado.

LUG dijo...

De Margulis me gustó un libro "bellamente editado" y que se titula - creo - ¿qué es la vida?. También creo recordar que tenía un artículo en el libro ¿Qué es la tercera cultura? sobre el tema que señalas. A mi me fascinó su descripción y acabé amando a las bacterias. Sin embargo, me encuentro incapacitado para evaluar el alcance real de su tesis - concretamente: qué sentido tiene eso de la simbiosis como vía evolutiva.Lo mismo me pasa con la hipótesis Gaia. ¿Plantean trivialidades o son perspectivas realmente rompedoras con nuestra imagen tradicional?

Anónima dijo...

Hombre... gracias por la invitación.
A causa de dicha invitación Anónima le está escribiendo una carta al Sr Darwin. (Ya te la pondré como comentario, aunque haya pasado de moda después de varios posts.)

Por cierto: Anónima tiene dirección, pero resulta que ni está relacionada con la cosa filosófica ni tié que ver con la docencia. Además, la Anónima es algo tímida para ciertas cosas. Internet es un mundo simplemente para-lelo. Ya la daré a "conocer", sea el Conocimiento lo que quiera el Ser que ello sea: conocimento de una URL o conocimiento del sentido del concepto de sentido en general.

Un beso.

Serenus Zeitbloom dijo...

Lug,

te comprendo, también yo sucumbí a la seducción de las bacterias.

Quizá no tengas inconveniente en compartir esa experiencia como aportación personal a la actividad promovida por la SFPA. Al menos a algunos nos gustaría conocerla.

Anónima,

esperamos tanto el comentario como la url.

Saludos a ambos

Antonio dijo...

Siento no haber podido dar cuenta de tu entrada hasta tan tarde. Intentaré reflexionar sobre ello y escribir algo, si los hados y los genes lo permiten.

Anónima dijo...

Querido Sr. Darwin,

sigo su programa prácticamente desde el principio, pero sólo ahora me he decidido a escribirle. Redacto estas líneas estando yo en vida, lo cual quiere decir que yo y mi mecanismo hemos sido seleccionados naturalmente para este siglo, y lo primero de todo es darle las gracias. No creo en Dios, así es que supongo que es a usted al que tengo que agradecerle mi existencia, de la misma manera que entiendo que a usted tendré que remitir mis rezos.

De un tiempo a esta parte (desde que nací, más o menos) siento que algo extraño me está sucediendo en lo que a mi adaptación al medio se refiere. Necesito su ayuda, Sr. Darwin. Lo confieso. Dicen que es el primer paso. Reconocer que uno necesita ayuda.

Verá: me han salido todas las muelas del juicio y eso me preocupa. ¿Es malo? Hay mañanas en que me siento peor que otras, y pienso que formo parte de una rama torcida y desadaptada que debió desaparecer. Temo por eso, porque cualquier día lo mismo me voy para el otro barrio. Me preocupa el cuerpo. Mi cuerpo exitoso. Me preocupan especialmente ciertas zonas de mi exitosa anatomía. Es que no tengo los pechos muy grandes, ¿sabe?. ¿Será malo eso? Desde que me salieron los primeros pelillos en las piernas depilo mi vello de raíz, pero no acabo con él y no me siento sexualmente atractiva para los machos. ¿Desapareceré, Sr. Darwin, sin descendencia por no estar tan bien adaptada como yo pensaba? ¿Y si no tengo hijos? Cuando pienso en todos ellos, en los machos, digo, me doy cuenta también de que hay una diferencia notable conmigo y las demás hembras seleccionadas para este siglo. Y claro, no puedo evitar pensarlo: ¿qué hago con la analogía entre los meñiques de los pies y el clítoris de mis hijas y las hijas de mis hijas? ¿Qué sentido tiene parir hijas de esa manera? En cualquier caso, parece que ya no voy a parir nada, ¿qué sentido tiene la pregunta? Pero si no voy a parir nada, ¿por qué insisto yo en ser atractiva para los machos disfrazando mis desajustes? Las tetas. Los pelos. Las muelas del juicio. ¿No es eso injusto para mi especie? ¿No es querer traer más ejemplares defectuosos, obligados a adaptarse a un medio donde otras ya se mueven como peces en el agua? Mi cerebro no deja de plantearse preguntas. Se supone que mi cerebro preguntón es resultado también de un no sé qué, pero es que yo estoy a punto del suicidio de tanto pensar que me extingo. Empiezo a pensar que hacerse preguntas seguramente no es la clave de ningún éxito. ¿Debo dejar de hacerme preguntas?

¡Qué angustia, Sr. Darwin! Cuanto más pienso en estas cosas, más me lío. Me siento un bicho raro. Me siento el último ejemplar. ¡Estoy en peligro de extinción! Pero es que soy un ejemplar maligno. Soy mala, Sr. Darwin, y la vida se me vuelve pura agonía. ¿Me quiere decir usted por qué fui seleccionada?

Esperando,
La Anónima.

P.D. Por favor, ¿puedo pedirle que me avise con antelación de la fecha y hora en que responderá a mi carta?. Si no se me ha llevado el medio, me gustaría grabarlo. Tiene usted una voz preciosa.

Le envío una foto mía de la primera comunión, otra de fotomatón, para el carné de la piscina, y otra en una playa nudista, las tres con la idea de facilitarle a usted el análisis.

Leicca dijo...

Lo prometido era deuda. Esta mañana estoy haciendo un poco el gamba y vagueando, y me he acordado de la cita pendiente con Darwin. La tardanza, como habrás visto, no significa que haya estado haciendo un trabajo de investigación. :-D

Un saludo y que tengas un buen día.