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lunes, 3 de agosto de 2009

Desgracia. Unos años después.




Hoy he visto la película Desgracia –versión cinematográfica de la novela de mismo título de J. M. Coetzee.

Desgracia fue la primera obra que leí de Coetzee, de ello hace cuatro años. Esta novela me impresionó y convirtió a Coetzee en uno de mis autores preferidos; a esta lectura siguieron Hombre lento, Historia de Michael K, Elisabeth Costello, Esperando a los bárbaros, [ más] (mi preferida junto a Desgracia) el libro de ensayos Contra la censura, [más] y Diario de un mal año (la que me ha parecido inferior entre sus obras, pero también interesante).

La película me ha producido la misma impresión brutal que la lectura del libro, de la que me resulta indistinguible. Me gustaría conocer la opinión de aquellos que la hayan visto sin haber leído la novela previamente, pues me queda la duda de si esta fuerte impresión está mediada –sugerida o directamente influida- por el recuerdo de la lectura previa. Tengo la creencia –no sé si acertada- de que estamos ante una de esas escasas veces –quizá única, pues no sería capaz de citar otro caso- en que novela y película encajan en una perfecta identidad indiferenciada.

Se trata de una historia de las que te “arregla el cuerpo”, digna de ver era la expresión en el rostro de los espectadores a la salida de la sala de proyección. Una película de la que deberían abstenerse aquellos que buscan del cine el pasar un buen rato, para estos Nueva York para principiantes es una buena opción (la vi la semana pasada). También tenemos la posibilidad de seguir la pretemporada del Madrid en la Sexta.

Pero Desgracia y Coetzee son otra cosa. Malkovich está convincente.


viernes, 4 de mayo de 2007

Lenguaje y liberación.

Impresiones desde Contra la censura de Coetzee.


Cuando
Solzhenitsin emprendió su obra literaria tuvo primero que deshacerse del lenguaje “soviético”. Debió acometer una profunda tarea filológica para retornar a la lengua rusa anterior al 1917 y desenterrar la lengua rusa clásica. La importancia de esta tarea nos puede pasar desapercibida pero es absolutamente esencial.

En un orden mucho más modesto cuando criticamos determinados estados de cosas de nuestro tiempo, por ejemplo, el estado de la educación, deberíamos tener muy en cuenta el ejemplo de Solzhenitsin y deberíamos rastrear en la lengua para evitar y sustituir todas las expresiones del nuevo paradigma por sus más cercanos equivalentes en la lengua clásica, si conseguimos esto nos habremos liberado ya en gran medida de aquello que rechazamos. Si no somos capaces de deshacernos de su lenguaje no podremos liberarnos de su influencia; todos nuestros esfuerzos argumentativos servirían para apresarnos más aún en lo que detestamos.

Así, en la novela de Orwell con la neolengua se pretendía que el crimental se tornara imposible al no haber lenguaje con el que llevarlo a cabo. Deberíamos, pues, atender a todo lo que en nuestro lenguaje está contaminado de neo-lengua y procurar restablecer las formas clásicas, que es la lengua en la que habla el vecino salvo que éste salga de una Facultad de Teoría de la Educación.


miércoles, 2 de mayo de 2007

Contra la censura II. Literatura y revolución.


Seguimos en Contra la censura de Coetzee

Coetzee apunta las diferencias entre la censura ejercida en la Rusia zarista y la ejercida durante la época soviética.

A pesar de la arbitrariedad de ambas, apunta Coetzee una diferencia notable entre ellas; la censura zarista no se funda sobre ninguna teoría sobre lo censurable, es meramente pragmática, se trata de impedir “la avalancha de doctrina subversiva extranjera”. No hay ninguna forma estética sospechosa en sí misma, se censura en función del contenido.

En cambio en la Unión Soviética se censura en función de una teoría que se dice marxista, la literatura había de exhibir: entusiasmo partidista, conciencia ideológica, conciencia respecto al pueblo. Esta última exigencia rechazaba todo arte que no fuese inteligible para las masas. La literatura se consideraba que debía “servir a la causa de la construcción del socialismo y extraer sus héroes y heroínas de entre los trabajadores y trabajadoras” , “reeducación de los trabajadores en el espíritu del socialismo. Desde este modelo se denunció la “mezquina preocupación por la vida y los asuntos privados”.

Veamos la opinión que le mereció a Jruschov una exposición de nueva pintura que vio en Moscú en 1962

“como si un niño se hubiera hecho sus necesidades en el lienzo –dijo- y luego lo hubiera esparcido con las manos” “No gastaremos ni un kopec en esta mierda. El pueblo y el gobierno se han tomado muchas molestias por vosotros (los artistas) y vosotros lo pagáis con esta mierda.. vuestras pinturas sólo provocan estreñimiento a la gente”

Una aspiración –sueño- de las autoridades soviéticas era que la censura desapareciese conforme el ideal soviético fuese interiorizado, de aquí la importancia que daban a la crítica y la autocrítica, en el sentido de” autoexamen- arrepentimiento-propósito de enmienda”

Veamos un testimonio, la confesión de Margarita Aligier ,1957, ante la Unión de Escritores.


“Ahora puedo, sin ninguna evasión, ni reserva, sin ningún falso temor a perder mi sentido de valía personal, decir franca y firmemente a mis camaradas que es completamente cierto que cometí los errores de los que habla el camarada Jruschov. Los cometí, persistí en ellos, pero ahora lo he entendido y admitido meditada y conscientemente……. he logrado comprender más profundamente las causas de mis errores… Ahora debo ser más exigente conmigo misma, liberarme del pensamiento abstracto, corregir mis opiniones más rigurosamente… en resumen hacer lo que el camarada Jruschov enseña y pide con insistencia en sus discursos”

Sin comentarios.

martes, 1 de mayo de 2007

Censura y locura.

En su libro Contra la censura, refiere Coetzee el caso de Osip Mandelstam, quien compuso un poema paródico y crítico a Stalin, no lo escribió sino que lo recitó varias veces a amigos suyos, un día la policía política asaltó su casa en búsqueda de tal poema, no pudieron encontrar nada, pues el poema sólo existía en la mente de Mandelstam y sus amigos, pero Mandelstam fue detenido. Stalin llamó a Boris Pasternak y le preguntó, quién era Mandelstam y si era un Maestro; Según Coetzee, Pasternak entendió la parte implícita de la pregunta, ¿podemos deshacernos de él?, y consecuentemente contestó: sí, es un maestro, -no podemos deshacernos de él- . Mandelstam fue condenado al exilio interior, allí presionaron a Mandelstam para que escribiese un poema en alabanza de Stalin; Mandelstam cedió.

Nunca sabremos sus sentimientos sobre aquella oda, no sólo porque no lo escribió, sino también porque –como dice convincentemente su esposa- cuando la escribió estaba loco, loco de miedo, tal vez, pero también loco de la locura de una persona que no sólo sufre el abrazo de un cuerpo que detesta sino que también debe tomar la iniciativa, día a día, línea tras línea, de acariciar a ese cuerpo.

….

Hacer que los grandes artistas de su época le rindieran pleitesía era el modo que Stalin tenía de destrozarlos, de hacerles imposible ir con la cabeza bien alta.

Contra la censura. J.M.Coetzee.

Casos como éste son innumerables en la historia; el número de censores era muy superior al número de escritores en estados como la antigua URSS, DDR, Sudáfrica y un largo, muy largo etc. Los súbditos de estos estados, educados en la desconfianza mútua, acaban por reproducir el mal del Estado: la paranoia, y de esta enfermedad no se libran los artistas, ni los escritores e intelectuales.

Nuestra salud mental depende de qué sepamos hacer frente a la pasión por silenciar.
En John Stuart Mill encontramos a uno de los grandes héroes en esta lucha. En George Orwell un manual de diagnóstico, un desenmascarador y un guía.