viernes, 17 de octubre de 2008

Habrá que prohibir de una puta vez la Celestina.

En la Comunidad Valenciana arrecia la polémica acerca de la ciudadanía y el inglés, pero no vamos a hablar de eso sino de unas declaraciones aisladas de Vicente Verdú sobre la educación. En una entrevista, en la que se requería su opinión sobre la anterior polémica, Vicente Verdú se queja de una enseñanza que a su juicio no conecta con la realidad actual y concreta que viven los alumnos, y esa separación escuela-sociedad se traduce también en un alejamiento alumno-profesor, que a su vez conlleva una incomprensión y hasta un desdén mutuo. Bueno, la tesis hasta ahora expuesta es bien conocida, y para todos aquellos que estén relacionados con el mundo educativo no es algo novedoso, al contrario es un lugar común. Aquellos que no estén relacionados de manera directa con el mundo educativo – y sean de natural moderado y sensato- no dudo en que estarán de acuerdo con él; recordaran las lecturas escolares, incluso aquellos más jóvenes que cursaron la EGB, recordarán sus inicios con El Quijote, con Los Pazos de Ulloa –recuerdo que mi abuelo me la dio a leer a mis tiernos 12 años, no sé como pude mantener la pasión por la lectura después de aquello, y el 93 de Victor Hugo, y hasta a Papini- pero dejemos la autobiografía personal y volvamos a la experiencia colectiva de aquellas tardes (“melancolía tras los cristales”) en que los escolares leían El Quijote, La Celestina no, que era muy verde, y no recomendada por la moral de entonces, pero sí fragmentos del Buscón y del Lazarillo y poemas de Antonio Machado y de Garcilaso, y de Bécquer –cómo detestaba yo entonces a Bécquer.. y a Garcilaso ni te digo- y leíamos también a Jorge Manrique y a Miguel Hernández. Todo eso se leía en aquellos últimos cursos de EGB, y muchos, qué remedio, no tomaron mucho amor a lectura... otros lo hicimos quizá porque en la biblioteca del pueblo nos podíamos resarcir de la escuela leyendo el Libro de la Mujer, o las historias de Guillermo “el travieso”. Algún recuerdo parecido le habrá venido a ese lector de Verdú al leer el juicio de éste:

“Pasan los años, las cosas cambian, la enseñanza no cambia, se sigue recomendando "La Celestina" o "El Lazarillo de Tormes" para iniciarles en la lectura y, claro, los chavales primero no tienen mucho interés por leerlos porque tienen conocimientos medios; y segundo, esos textos pertenecen a la prehistoria.” Vicente Verdú.

Y habrá asentido el sensato lector, y se habrá dicho para sus adentros “es que claro, así no hay manera”. Y yo llevaba camino de asentir... así que le pregunté a un compañero qué leían sus alumnos de 1º a 4º de ESO, y vaya resulta que no, que nada, que La Celestina sigue sin leerse, y, en fin, me dio los títulos que se daban para iniciar a los alumnos en la lectura –que no voy repetir aquí- y no eran clásicos, eso solo lo recomienda algún rarito. Para la lectura infantil y juvenil hay toda una industria editorial preparada, cuyos títulos se apilan a centenares en cualquier estantería del Corte Inglés... la Celestina o El Lazarillo o El Quijote los leen sólo algunos alumnos de bachiller. Y la literatura del XX, que alguno recordará del COU, es , a lo sumo, una asignatura marginal que cursan algunos alumnos en contados institutos.

Pero nos dice el señor Verdú: “Pasan los años, las cosas cambian, la enseñanza no cambia, se sigue recomendando "La Celestina" o "El Lazarillo de Tormes" para iniciarles en la lectura.. Y las personas sensatas asienten “ claro, es que así no hay manera”.

Pues habrá que prohibir de una puta vez La Celestina.


30 comentarios:

César dijo...

Cometes el error de creer que un caso aislado como el que tú conoces es el genérico, y no es así.

Soy ingeniero (nacido casi a mediados de los 80), y me gusta leer. Pero he de reconocer que el sistema educativo ha hecho todo lo que ha podido por hacer que no me guste.

Y si bien El Quijote efectivamente lo leen solo los alumnos de Bachiller (17 y 18 años), no es menos cierto que una vez se llega a la ESO, los libros recomendados son todos estos que dices se apilan (pues los niños, como literatura lúdica, ya tienen a sus Harry Potter & co), pero también hay unos cuántos OBLIGATORIOS que sí son literatura clásica, la cual, y en mi opinión, no debería ser estudiada por gente que para empezar, todavía no ha terminado de desarrollar su capacidad lectora.

Un saludo, me gusta tu columna.

Serenus Zeitbloom dijo...

Cesar,
No soy profesor de literatura y no sé muy bien que es lo que yo recomendaría en el caso de que lo fuese, pues es necesario contrastar las propias convicciones con la realidad concreta, pero en principio creo que recomendaría aquellas lecturas que pienso que me hubieran gustado a mí: Jack London, Verne, Markt Twain, Poe, Wilde, Miguel Delibes.. hasta es posible que me atreviese con cosas más complejas: La Metamorfosis. Lo que no haría es recomendar esos libros comerciales especialmente escrito para jóvenes, no porque me parezcan malos –seguro que no lo son algunos. Simplemente porque esos libros ya los pueden encontrar ellos solitos, sin que nadie se los indique, y sin ninguna dificultad. Desde luego tampoco les recomendaría La Montaña Mágica, ni Doktor Faustus con 14 años.
Lo que me motivó escribir este post fue el malestar que me produjo el sermoneo arrogante de Vicente Verdú; desde el absoluto desconocimiento se permite menospreciar la labor de profesores y de maestros a los que presenta como ineptos que desconociesen su oficio, y que desdeñasen a las personas que tienen que enseñar. Si Verdú opina del resto de cuestiones con el mismo conocimiento de causa que cada cual saque sus conclusiones.

No creo que sea abusivo que alumnos de bachiller empiecen a tratar con textos clásicos como El Quijote, La Celestina ...etc. porque no creo que los clásicos de nuestra literatura deban ser objetos limitados a contados especialistas, si es que realmente son valiosos. Tampoco debe asustarnos que en ocasiones nuestros alumnos puedan aburrirse, ese sentimiento también pertenece a la vida y la escuela.

Un saludo y gracias por tu comentario.

Jan dijo...

Yo soy uno de esos bichos raros que ha crecido disfrutando de Oscar Wilde, de Galdós, de Henry Miller, de Machado, de Mario Puzo, de Isaac Asimov y sus Fundaciones, a Tolkien, y he disfrutado como un loco con la Ilíada y el "pelida Aquiles", y digo como un loco no solo por lo que disfruté, que no fue poco, sino porque a quien le digo que disfruté leyéndolo me trata de loco, ya no te digo al que intento convencer de que se lo lea... :-D

Corin dijo...

Pues lo mismo el caso marginal es el mio... Pero cuando yo cursé la ESO a mi me mandaron leer El lazarillo de Tormes, y tambien otros libros que casi mejor no recordarlos, como uno en el que te contaba la historia de un niño de 4 años y lo que hacia para llamar la atención por celos, durante un dia...
Despues cuando llegue al bachillerato y la selectividad tuve que leerme libros "interesantisimos" como el Arbol de la Ciencia o "La casa de Bernarda Alba". Por supuesto habra gente a la que le guste este tipo de libros, pero sinceramente libros que estan llenos de desgracias o que cuentan la vida corriente de una persona, no creo que sean los más adecuados para enganchar a un joven a la lectura.

Por suerte, yo ya me habia enganchado mucho antes de esto a la lectura con novelas como El Conde de Montecristo, El señor de los anillos o, en general, las novelas de Alejandro Dumas o de Julio Verne.

paras dijo...

Parece ser que la asignatura de literatura ha de ser divertida. A nadie le preocupa que las matématicas resulten tan áridas, y que nadie profundice en ellas más allá de los años de colegio. Estudiamos logaritmos porque hay que hacerlo, ¿verdad? Quitémoslos. ¿Qué hay más alejado de la realidad de un currito cualquiera que un logaritmo?
A la escuela se va a "aprender". La escuela exije "esfuerzo". La escuela te muestra las obras maestras, las pioneras, las que mostraron una nueva sensibilidad y abrieron los caminos que aún hoy se transitan. Pero no, parece que eso es demasiado...
Bah, que lean bests sellers pasajeros, lo pasarán muy bien. Y seguro que, tras leer Harry Potter, se interesarán por obras de mayor calado. irán a por El código da Vinci; más tarde La sombra del viento; y concluirán con el cúlmen de los cúlmenes: Los pilares de la tierra...
No recuerdo quien dijo que los clásicos hay que leerlos en la juventud, porque después ya no se leen jamás. Tuve la suerte de pertenecer a una generación que los leyó en ese momento... ahora me dedico profesionalmente a la literatura. Intuyo que tiene algo que ver.

pd: ¿y dónde deja Verdú la poesía? Porque si no fue capaz de verle la gracia al Quijote, no me lo imagino leyendo a un poeta contemporáneo. !Fuera la poesía! Es aburrida. Leamos el horóscopo.

Anónimo dijo...

Por suerte estudié en un sistema no español. Por suerte las matemáticas no se resumían en logaritmos o integrales. Por suerte la historia no se acababa en el siglo XIX, por suerte, en literatura no estudiábamos únicamente a los clásicos aburridos y pasados de moda. Quizás el problema está en la educación española, que a la hora de entablar conversación, los jóvenes no tienen ni idea de los que es un Alzado de la planta de un edificio, o no tienen ni idea de quién es Franco, o no tienen ni idea de quien es Isaac Asimov. Eso si, seguro que hacen logaritmos como nadie, saben quien es Zumalacarregui (que no solo es una calle de Bilbao), y seguro que saben quien es Leopoldo Alas Clarín, el de la Regenta.

Lamentable. Pero claro, los clásicos se leen en la juventud .... hasta que hay otros clásicos que los sobrepasan y los trasnochados no los reconocen.

Cualquier tiempo pasado fue mejor, ¿verdad?

Anónimo dijo...

mira,acabo de termniar bachiller en un instituto y aunk nos hicieron estudiar libros prehistoricos durante la ESO (conde lucanor ,la celestina,el qujote) y durante bachiller ya era del siglo XX (aunque claro era machado,valle inclan y demás) cuando nos recomendaban literatura PARA LEER Y NO ESTUDIAR utilizaban libros contemporáneos pues los libros toston no nos obligaban a leerlos

Aquiles dijo...

Estimados Serenus y demás contertulios:

Ésta es la situación:

a) La asignatura de Literatura NO EXISTE en el actual sistema educativo. Se quejan ustedes, y con razón, de los ataques continuados a la Filosofía. Pero es que la Literatura murió, de un certero disparo en la sien, a principios de los noventa, cuando decidieron unir sus contenidos a la asignatura de Lengua Española.

b) En su lugar, la asignatura de Lengua y Literatura obliga a los profesores a ceder tiempo y esfuerzo en favor de los contenidos lingüísticos o de aprendizaje -y esto es cada vez más frecuente- de los principios básicos de la lecto-escritura. Lo literario, por ello, queda recluido en el ángulo oscuro de la ignorancia. Nunca hay tiempo de retomarlo, y, cuando se puede, se hace atropellada y superficialmente.

c) La lectura en la escuela se ha convertido en un fin, no en un medio para alcanzar una serie de objetivos. Y se ha convertido en un fin porque ahora no hay ninguna asignatura -antes la Literatura- que la respalde.

d) Por tanto, se extiende la opinión -opinión (otra más) elevada a la categoría de axioma- archimegasuperpedagógica de que leer DEBE gustar. ¿Habráse visto mayor aberración? No. Leer no DEBE gustar, simplemente DEBE ser un instrumento. Los caminos de la pasión, del gusto, de la afición son algo personal e intransferible, como las tarjetas de crédito. Antes, cuando existía la asignatura de Literatura en los institutos, la mayor parte de los alumnos de la opción de letras salían con el Cid, Berceo, el Arcipreste, el Romancero, Manrique, Rojas, Garcilaso, Fray Luis, San Juan, el Quijote -al completo, las dos partes-, Góngora, Lope, Quevedo, Calderón, Moratín, Bécquer, Rosalía, Galdós, Valera, Machado, Valle, Baroja, Guillén, Lorca, Cela, Claudio Rodríguez, Martín-Santos, Mendoza... en la mochila. Les gustara leer o no. ¿Qué importaba que luego no cogieran un libro en su vida?

e) Las lecturas de la ESO, prefabricadas por editoriales al uso y destinadas a esa idea tan estúpida del GUSTO por la lectura, consiguen, por su baja calidad, por su estulticia manifiesta, el fin contrario que se pretende: los chavales aborrecen la lectura para toda su vida.

Un saludo,

Aquiles.

P. D.: Aunque está mal la autocita, ahí les dejo un enlace que trata este tema precisamente:

http://candaya.blogspot.com/2008/04/leer.html

Aquiles dijo...

Y por cierto, el prisaico señor Verdú tiene toda la razón. La distancia entre los centros de enseñanza -solidaridad, educación para la paz, co-educación, ciudadanía y demás cursiladas- y la sociedad es cada vez mayor. Por obra y gracia de mediocres postmodernos como el propio señor Verdú.

¡Tanto gilipollas y tan pocas balas!

Anónimo dijo...

Para todos los que defienden que leer no debe gustar:

Si un chaval de la ESO (de 12 a 16 años) tiene encima de la mesa "El lazarillo de Tormes" y el último juego de la play, que creéis que escogerá?

En vuestros tiempos "prehistóricos" no había nada más, pero ahora hay que competir contra las nuevas tecnologías (TV, PC, internet, videojuegos, etc.).

Por cierto, sería divertido ver videojuegos de libros clásicos. Quizá así la juventud se interesaría más por ellos...

Saludos.

Anónimo dijo...

Bueno pues si a los chavales no les gusta el menú que hay, habrá que llevarlos al MacDonalds. total, sigue tratándose de comida y esa les divierte. Además, las bandejas incluyen un mantel con literatura contemporánea, ¡Seguro que esa sí la deborahn! ¿Ves qué fácil es la solución a todos los problemas sistemáticos educativos? Y si aún así desprecian el colegio, pues habrá que instalar más televisores en las aulas.

Aquiles dijo...

Estimado anónimo (1):

¡Yo tuve en mi mesilla el "Street Fighter" para el mítico Spectrum 48K y el "Lazarillo"!

Los tiempos no han cambiado tanto como usted se cree.

Atentamente,

Aquiles

Serenus Zeitbloom dijo...

Jan, ya sabes: “los privilegios de la estupidez”, pero ellos se lo pierden.
Corin, no todos comenzamos por los mismo sitios, para ti fue El Conde de Montecristo, y para otros El árbol de la ciencia, hay mucho entre la buena literatura para escoger. Y una vida no da para leerla toda.
Paras, coincido contigo, esa patraña de la “enseñanza lúdica” acaba cargándose el gusto.
Anónimo 1. La enseñanza en España tiene, sin duda, muchos defectos pero entre ellos no se encuentra el que los jóvenes conozcan La Regenta.
Anónimo 2. La categoría de libro “tostón” es muy subjetiva.
Aquiles, ¡la literatura ha muerto! ¡viva la literatura! No está mal, ¿ por qué iba estar mal la autocita? al contrario la agradecemos.
Anónimo 3. En los tiempos “prehistóricos” a los que te refieres, habían muchas, pero que muchas ofertas tan atractivas –y para la gran mayoría más- que leer un libro -y sin duda tan atractivas o mucho más que las que citas-. Podías subirte a los árboles, robar fruta, apedrear perros y gatos.. revolcarte por el río, practicar deportes de riesgo de invención propia como “el arreplego” y “el persirripio”, de hecho hasta los lectores solíamos preferir estas actividades a la lectura. Ah, y en mis prehistóricos tiempo ya teníamos TV, y hasta más tarde ¡en color!.
Anónimo 4.¡ tantas teles como sean necesarias! ¡Qué no sea por falta de teles y pantallas! ¡como en Fahrenheit!

Gracias a todos, por dejar vuestros comentarios.

Serenus Zeitbloom dijo...

Estimado Aquiles

Si, como usted afirma, la literatura murió de un certero disparo en la sien fue al menos un muerte limpia. La muerte que se le avecina a la filosofía será larga, dolorosa, con estertores, fiebres, nauseas, temblores y vómitos, como son todas las muertes por empozoñamiento.. el empozañamiento derivado de su nueva compañia: La ciudadanía.

Un saludo.

Drakhov dijo...

Leyendo esto me trae a la memoria a una profesora de Lengua y Literatura haya por los comienzos de siglo cuando cursaba bachillerato, que dentro de la lecturas obligatorias estaba el Quijote, y muy acertadamente nos dijo que no iba a hacer leer porque no estabamos lo suficientemente desarrollados mentalmente para disfrutar de su lectura.

Y ahí es a donde quiero llegar, cierto es que la Lectura es un instrumento y por lo tanto hay que fomentarla pero será mejor haciendolo a traves de historias que lleguen a los niños, o los jovenes, no quiero ofender a muchos de los clásicos de la Literatura Española, pero para casi todos los jovenes parecen muy aburridos y no digo que haya que quitarlos si no que podrían compaginarse con otros clasicos universales que atraigan más su atención.

Sergio dijo...

¿Porque escribes sin informarte? Yo mismo tengo aquí los libros que nos recomendaban leer: "el estanque de los patos pobres" "La babosa Sotftware y el estupor informático" "el fantasma del número 13". Cuando nos mandaron leer la Celestina hacía mucho que habíamos cobncluido nuestra iniciación a la lectura. Por otra parte La Celestina me fue bastante útil para entender lo que significa el paso del medievo al renacimiento, la vida española del medievo tardíao y además es una buena manera de entender como ha evolucionado el idioma.

Serenus Zeitbloom dijo...

Sergio, supongo que has leido el post y te diriges a Verdú.

Gracias por tu testimonio y tu comentario.

Anónimo dijo...

Semejante estupidez no he oido en la vida, como estudiante universitario que soy y estudiante de la década de los 90, he de decir que durante mi educación hasta la universidad me hicieron leer desde El lazarillo, La celestina, novelas de Edgar Allan Poe, Becquer, hasta novelas como El perfume, y no puedo decir sino que no pasa día que coja un libro y no agradezca aquel impulso que me dieron para no quedarme en la lectura puramente comercial, y pudiera descubrir a Lovecraft, Verne, Asimov, Kafka, y demás. Porque los primeros libros que lees son los más importantes, y aventurar a la gente joven a que explore enriquezca, y culturice el vocabulario es magnífico, pues más adelante no tendra miedo a coger libros de léxico más complejo, pues tendrán una buena base con la que luchar para lograr su comprensión. En cambio, si les damos literatura fácil, sencilla, frases simples y vagas sin ninguna complicación... probablemente acaben leyendo folletos y revistas y saltándose las columnas de opinión de grandes escritores que sí fueron educados con esta literatura pues tal vez sean incapaz de llegar a la tercera línea sin tener que volver a leerlo todo de nuevo por cuarta vez para captar la intención del autor.

Serenus Zeitbloom dijo...

Anónimo5, totalmente de acuerdo contigo:

La escuela no puede contentarse con "que lean" sino procurar que esas lecturas nos permitan adentrarnos en un ámbito fundamental de la cultura y el conocimiento como es la literatura.
Creo que ese punto lo resaltó perfectamente Aquiles en su comentario.

El objetivo no es -ni tampoco el medio- leer el horóscopo.

Agradezco tu participación.

Neuschwanstein dijo...

1. Mucha gente habla de educación sin conocer los currícula de las asignaturas. Se ha dicho que los alumnos no saben lo que es el alzado de la planta de un edificio, ni conocen a Franco o a Isaac Asimov. Si los alumnos no lo saben es porque no estudian, porque todo ello lleva ya muchos años en los temarios.
2. Es un tópico eso de que el sistema educativo no ha ido al compás de los tiempos, y es una falsedad monumental. Yo diría que en su insaciable afán por modernizarse ha ido hasta algo por delante de los tiempos. Y, con ello, cometido atrocidades educativas. Se han cambiado denominaciones de asignaturas, se han retocado constantemente los currícula, se han comprado en los centros cientos de ordenadores, vídeos, cañones de vídeo, se ha instalado conexión a internet, ahora incluso wifi... Todo esto a la vez que las bibliotecas de los centros adelgazaban considerablemente, porque, ya se sabe, "a los alumnos les gusta más lo audiovisual".
3. La lectura, como se ha dicho aquí, es tanto un fin en sí mismo (simplemente, aprender a leer y comprender textos de cierta complejidad) como un medio (estimular la reflexión que lleva aparejada y aprender, simplemente aprender lo que ahí pone).
4. El instituto está para leer textos de calidad, que, por tanto, tendrán una cierta complejidad, y para eso está el profesor. Mi lema sería: todo aquello que el alumno puede leer y entender completamente por sí solo, sin mi ayuda, ¿para qué tratarlo en el aula?
4. El debate "clásicos aburridos o novedades guays" es espúrio. Hay clásicos que gustan mucho, no podemos partir de la idea de que todo clásico es aburrido. Yo suelo leer con mis alumnos de 4º, en la asignatura de Ética (¡ahora Educación Ético-Cívica! ¿Hay nombre más feo en todo el planeta educativo?) obras como "El guardián entre el centeno", "1984", "Metamorfosis". Todos ellos son clásicos. Y, por tanto, se puede extraer tanto de ellos que es muy difícil que un adolescente haga una lectura completa. Ahora bien, con las explicaciones, los disfrutan. Yo tengo excelentes resultados con los que he mencionado. Y, oh sorpresa, también los he tenido con clásicos más antiguos, por ejemplo, he seleccionado fragmentos del Quijote, o de Dostoievski, o de Platón.
5. Hay desde hace mucho una obsesión insana por la lectura. Leer muchos libros no es algo bueno per se. De hecho, la lectura acaba convirtiéndose también en una especie de televisión ante nuestros ojos. Hacer sudokus, por ejemplo, o ejercicios de matemáticas, de lógica, suele ayudar más a ejercitar la inteligencia. Incluso me atrevería a decir que debatir, intentar exponer en voz alta y de manera sistemática los argumentos de uno. Y, en todo caso, mucho más que leer, escribir uno mismo.

Serenus Zeitbloom dijo...

Neuschwanstein,

Comparto las opiniones expresadas en tu comentario. He utilizado los libros que citas en muchos de mis cursos. Los clásicos españoles no los he utilizaco, porque he considerado que ya los tratan, y con mas competencia que yo, los compañeros de hispánicas, aunque la literatura no es patrimonio de nadie. Pero me has recordado -da vergüenza confesarlo- que tengo pendiente la lectura de El guardian del centeno.

Gracias por recordármelo, y gracias por dejar tu comentario.

Marian dijo...

Muy interesante el debate que ha creado tu comentario acerca de lo dicho por Verdú. Para los profesores de Lengua y literatura es también un dilema el incluir o no las obras clásicas en los programas de lectura (unos lo hacen y otros no). Yo pienso que debe haber un término medio, no todo es blanco o negro: ni es recomendable hacerles leer obligatoriamente el Quijote en 3º de ESO, ni dejar los clásicos en el olvido para proponer solamente lecturas juveniles como Harry Poter y compañía. Y, eso sí, como ha dicho alguien por ahí, no se trata de que a toda costa el alumno tenga que divertirse, sacrificando la calidad literaria y lo que haga falta.

bruno dijo...

Creo que buena parte del problema es cómo te explican a la Puta Vieja Celestina... Yo me lo leí en Bachiller de la mano de la Sra. Merino y lo disfruté a rabiar... Lo mismo diría de Quevedo, Garcilaso o Cervantes. No es para niños de 10 años, pero si no lo son para chicos de 17 tenemos un problema. Porque también Mr. Potter puede estar bien pero ahí no acaban las letras.

Serenus Zeitbloom dijo...

Marian y Bruno

Gracias por sumar vuestra voz al debate.
Creo que vamos encontrando acuerdos. Más quizá de lo que pensábamos.

Desde la caverna de Platón dijo...

En primer lugar, gracias Serenus, por abrir un hilo tan animadillo. Ya hablábamos en una entrada anterior de esa tendencia tan sacerdotal que poseen los novelistas de EL PAíS (prisaicos, dice Aquiles) para pontificar a diestro y siniestro. Manuel Rivas, Verdú, Clara Sánchez, Juan Cruz, Millás... Parece que han salido al unísono en batallón para enarbolar la bandera del “buenismo” y, por supuesto, para dictaminar sobre “enseñanza”, que es una cosa que la puede hacer todo el mundo, a diferencia del cálculo diferencial y las operaciones a corazón abierto. Lo que sobrecoge es la intención tonti-rousseauniana de las opiniones que esgrimen. Una especie de moral de parvulario, del tipo: “¿y por qué me voy a tener que comer las lentejas, si no me gustan?” La cantinela que resuena de fondo: “¡pobrecitos los alumnos, que se les enseña mal y cosas prehistóricas, como La Celestina!” ha constituído en los últimos años la queja progre por antonomasia (contra esos profesores de antes, tradicionales, malvestidos, enjutos y secos), y ahí tenemos al libertador novelista remediando con su verbo talantoso tanta ignominia docente. Claro, por el camino, gracias también a estos salvadores del oprimido infante, ha caído el Latín, el Griego, la Literatura, la Física, la Geografía, la Historia y, con el último giro de rosca, la Filosofía, ¡para qué vamos a negarlo! a la que sólo le queda ya la puntilla final. ¡Tantos y tan ardorosos esfuerzos periodísticos para acabar vendiendo el “recorta y pega”! ¡Qué infamia!
No voy a insistir mucho en la necesidad de que los estudiantes conozcan la literatura clásica escrita en su propia lengua. O se tiene claro esto, y entonces existe la posibilidad misma de la transmisión cultural y la enseñanza tiene sentido, o no se tiene claro, y entonces a qué coño jugamos. Algunos contertulios lo han explicado muy bien. Sin intención de citarme a mí mismo, sólo para no extenderme aquí, os invito a leer un panfletillo (http://desdelacavernadeplaton.blogspot.com/2008/04/por-amor-los-libros.html) que escribí con motivo de uno de esos actos anuales en loor de la lectura que organizan nuestras preocupadas autoridades didácticas. Un saludo muy afectuoso a todos.

Serenus Zeitbloom dijo...

Gracias a ti por intervenir, y animar más aún este interesante –e inusual por número- cruce de opiniones que se ha producido, parece que amenazar con/a los clásicos suscita curiosidad y concurrencia; me estoy planteando un nuevo post con el título “Habría que quemar El Quijote”.
Conocía el post que citas del tiempo en que lo escribiste con ocasión de ferias del libro y animaciones a la lectura ( también aquí en Waldenland25 escribimos alguna cosa con ocasión del cíclico evento:http://waldenland25.blogspot.com/search?q=feria+del+libro)

Comparto las opiniones que expresaste en él y que son también corroboradas por muchos de los aquí participantes.

Respecto a la defensa del modelo educativo (LOGSE-loe) que están haciendo ciertos grupos: ya veremos cuanto tiempo puede mantenerse aún, porque tengo la impresión no de que el rey va desnudo sino de que debajo del sayo parece andar todo podrido. Y empieza a oler.

Un saludo

Desde la caverna de Platón dijo...

En una tertulia hace ya unos años, con motivo de una de las innumerables efemérides cervantinas, un parroquiano psicológo aseguró haber descubierto definitivamente la enfermedad mental que padecía Don Quijote. Podríamos empezar por ahí para la entrada "Hay que quemar el Quijote".
Un saludo, Serenus.

Santino dijo...

Creo que el problema es que se están contraponiendo dos visiones completamente distintas sobre la literatura. Por una parte se habla del gusto por la lectura y por otra de la asignatura de literatura que se imparte junto con lengua en la ESO y el Bachillerato.

Para empezar, como alguien ha dicho anteriormente, la literatura como asignatura es una batalla perdida hace ya años. Ni mucho menos ha sido un disparo a la sien. La muerte de la literatura también ha sido lenta y dolorosa. Primero se le unión con la lengua, con la sibilina trampa de hacer caer el peso de la asignatura sobre la parte gramatical. La literatura ha pasado a ser una anécdota en la mayor parte de los programas de lengua. Pero hoy en día con las competencias básicas se ha dado un paso más. Bajar el nivel al fin y al cabo. Ya no se pretende que el alumno sepa gramática, qué será eso del sujeto y el predicado, ni nada por el estilo. Ahora con que medio entienda lo que medio lee y sepa hacer la “o” con un canuto es suficiente. Es triste, pero es cierto. Sólo hay que ver las pruebas de diagnóstico para darse cuenta de qué es lo que se pretende conseguir con la asignatura de lengua. En esta visión los clásicos no tienen cabida, porque se parte del presupuesto de que el alumno es incapaz de entenderlos.

Ahora bien, es imposible generalizar. Hay dos puntos de vista pedagógicos irreconciliables: los progres y los retrógrados. Me permito utilizar ambos términos en el mal sentido de la palabra. Por eso es posible encontrar en un mismo instituto a partidarios a ultranza de los clásicos y a sus opuestos los defensores a muerte de los libros juveniles. Y esto lo digo por experiencia propia. En los institutos se sigue leyendo La Celestina, aunque esto debiera ser matizado, y también se lee a Jordi Serra i Fabra. Entre estos dos polos hay una casi infinita gama de grises que abarca ilimitadas posibilidades, así de flexible es la literatura.

En primer lugar, definir el concepto de clásico es una tarea inconmensurable a la que se pueden dedicar libros enteros. Clásico no tiene que ser sinónimo de tocho aburrido o incomprensible. También hay libros juveniles que son clásicos, y muy buenos, por cierto. O libros juveniles que podrían merecer la denominación de clásicos. Por otra parte, hace algunos años no era muy partidario de las adaptaciones, pero hay que reciclarse con los tiempos, y es cierto que pueden ser una buena herramienta para trabajar con textos menos accesibles. No me parece hoy en día una locura mandar una adaptación del Lazarillo o una adaptación-resumen del Quijote en la ESO. La Celestina la dejaría para bachillerato, adaptada también. Cada instituto es un mundo, claro está. Uno tiene que trabajar con un material humano, al fin y al cabo, y son los alumnos los que de alguna forma te permiten cierto tipo de lecturas. Lo que en un centro funciona en otro fracasa, lo que en un curso o en una clase es un éxito e otra no llega a cuajar. Por desgracia no hay un método concreto para dar con el libro adecuado.

Eso sí, la asignatura de literatura no debería darse por vencida en la labor de difusión de textos canónicos. Sé que se corre un riesgo muy grande, estigmatizar la lectura, algo que por ejemplo con las matemáticas no es tan grave. No es nada que no salve una buena planificación. Aprender es duro porque exige un esfuerzo, pero tampoco estoy de acuerdo con que se pinte como un tostón sin ningún sentido. Sé que esto es casi imposible, pero un buen profesor sabe tender puentes entre los textos clásicos y los intereses de los alumnos, por muy frágiles que sean.

Otra cuestión es el fomento de la lectura, que por supuesto no debe ser labor única y exclusiva del departamento de lengua. Todo el instituto a una debe fomentar la lectura. Para eso existen precisamente los planes de lectura. Aquí sí que se puede hablar del sentido lúdico de la literatura, de esa lectura sin imperativos de la que hablaba Pennac. En el plan de lecturas sí se pueden leer libros juveniles de los de usar y tirar, si es lo que apetece. De acuerdo que no van a pasar de esos libros a los clásicos, pero menos da una piedra.

Así es como se hace en mi instituto. Los alumnos leen al mismo tiempo los dos tipos de libros. No es algo completamente descabellado ni se vuelven locos ni les da por odiar la lectura. Creo que es posible buscar soluciones intermedias. Es muy fácil adoptar un discurso maniqueísta y descalificatorio. Lo verdaderamente difícil es sintetizar los dos polos en una única propuesta. Yo desde luego siempre he desconfiado de las fórmulas milagrosas. Ni los clásicos puros y duros ni los bodrios juveniles consiguen que los adolescentes se lancen en masa a devorar libros. Sigamos buscando, y para ello es importante el debate.

Serenus Zeitbloom dijo...

Santino,

Solo puedo elogiar (y agradecer) tu ponderado comentario.

Pura sensatez.

nana dijo...

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